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Dodo y el ritmo de los helechos
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ListoEscenario
NARRATOR: Bajo unos helechos que brillaban suavemente, un grupo de dinosaurios hacía música: pum, pum, shhh... Era el Círculo de los Helechos. El pequeño Dodo escuchaba detrás de un árbol, con una hoja verde apretada contra el pecho. Dodo: Qué fuerte suenan. Mis patas solo saben dar pasitos. NARRATOR: Pipa vio la punta de su cola y fue a buscarlo. Llevaba bajo el brazo una ramita con dos puntas que usaba para recoger tesoros del bosque. Pipa: Hola, Dodo. A los amigos nuevos los saludo dos veces. ¡Hola otra vez! Dodo: Hola, Pipa. Y... hola otra vez. NARRATOR: Entraron juntos en el círculo. Musgo, un dinosaurio un poco mayor, marcaba el ritmo con la cola junto a una piedra plana y gris. Al ver a Dodo, empezó a marcar el ritmo tan bajito que pareció el latido de un corazón. Musgo: Te guardamos un sitio junto a Pipa, debajo de ese helecho. NARRATOR: Musgo mojó la punta de una ramita en jugo de bayas y escribió «Dodo» sobre la hoja, con letras rojas y redondas. Cerca de allí, las hojas con los nombres de los demás estaban sujetas entre las ramitas de una rama baja. Pipa dejó su ramita de dos puntas al pie del árbol. Dodo: Mi nombre huele a lluvia y a bayas. Sobre todo a bayas. Musgo: Regálanos un sonido y pon tu hoja junto a las nuestras. El sonido que tú quieras. NARRATOR: Dodo miró las patas que golpeaban el suelo. Levantó una rodilla casi hasta la nariz. Quería que su pisotón sonara más fuerte que ninguno. Dodo: ¡Allá va mi superpisotón! NARRATOR: ¡Pum! La pata cayó, la cola dio una sacudida y la hoja se le escapó de las manos. Dio una vuelta en el aire y aterrizó en un charco de barro que había dejado la lluvia. Dodo: ¡Uy! Mi nombre se ha ido a nadar sin mí. NARRATOR: El charco era poco profundo, pero la hoja flotaba al otro lado, bajo la curva de un helecho. Dodo estiró el brazo desde la orilla. Las patas le resbalaron y una pequeña ola alejó la hoja un poco más. Dodo: ¡Espera! Que las hojas no saben nadar. NARRATOR: Pipa recogió su ramita y se la ofreció. De las dos puntas aún colgaban gotas de lluvia. Pipa: Prueba con esta. Tiene dos deditos de madera. Y no da pisotones. NARRATOR: Plin, plin. Una gota resbaló entre las puntas. Dodo la siguió con los ojos y luego miró el tallito de su hoja. Dodo: ¡Puedo enganchar el tallo entre los deditos! Así no aplasto la hoja. Musgo: ¡Buena idea! Apóyate en esta piedra seca, para no resbalarte. NARRATOR: Musgo deslizó la piedra plana hasta el borde del charco. Dodo se arrodilló encima y bajó la ramita. Pipa le sujetó el brazo con suavidad para ayudarlo a mantener el equilibrio. Pipa: Yo te sostengo. Tú guía los deditos. Dodo: Un poquito a la izquierda... Un poquito más abajo... ¡Ahí! NARRATOR: El tallo quedó entre las dos puntas. Dodo giró la ramita despacio y la levantó. La hoja salió del charco y dejó caer tres gotas marrones sobre la piedra. Dodo: ¡Mi nombre sigue aquí! Ahora tiene pecas de barro. NARRATOR: Dejó la hoja sobre la piedra para que escurriera. De la ramita cayeron otras dos gotas: plin, plin. Dodo dio un golpecito con la madera y rozó la hierba con la cola. Dodo: Plin, plin, toc, shhh... Este es mi ritmo. NARRATOR: Lo repitió. Pipa respondió con dos pasitos suaves. Pipa: Plin, plin, toc, shhh... ¡Hola otra vez! NARRATOR: Musgo añadió un pum bajito. Uno a uno, los dinosaurios se unieron. Ahora el círculo sonaba a lluvia suave. Musgo: Dodo, ¿nos enseñas cómo sigue? Dodo: ¡Colas preparadas! Ahora viene lo mejor. NARRATOR: Dodo dio un paso hacia el centro y tocó la piedra con la ramita. A su alrededor, todas las colas rozaron la hierba plateada. Le dio tanta risa que el siguiente golpecito llegó tarde. Los demás lo copiaron y se echaron a reír también. Dodo: ¡Suena a lluvia con patas de dinosaurio! NARRATOR: Cuando su hoja dejó de gotear, Dodo la sujetó entre las ramitas, junto a las de sus amigos. Tenía unas cuantas pecas de barro y su nombre en letras rojas. Tocaron una vez más, muy bajito: plin, plin, toc, shhh... Y el bosque les respondió con un suave susurro de hojas.
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