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Mía, la manta azul y la luna

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Escenario

NARRATOR: La lámpara de noche llenaba de luz tibia la habitación de Mía. Ya se había lavado los dientes, llevaba puesto su pijama de lunas y estrellas y había guardado el último cuento.

Mía: Dientes limpios, pijama puesto, cuentos en su sitio. ¡Misión cumplida!

NARRATOR: Iba a meterse en la cama cuando se quedó quieta. Su manta azul no estaba a los pies, donde la había dejado.

Oli: Casi, capitana Mía. ¿No te falta algo azul?

Mía: ¡Mi manta! Si estaba aquí...

NARRATOR: En la alfombra se abrieron dos ojos brillantes. Pip, el gato, levantó la cabeza y movió una oreja.

Pip: He visto algo azul esconderse debajo de la cama. Muy sospechoso.

NARRATOR: Mía se arrodilló. Por debajo de la cama asomaba un fleco. Más allá, la oscuridad parecía llegar mucho más lejos que de día.

Mía: Por la noche parece que no tiene fondo.

NARRATOR: Buscó su regla y la deslizó por el suelo hasta tocar el fleco. Pip lo vio moverse y se lanzó sobre él. Un golpe de patita, y la manta desapareció.

Pip: Era para ayudar. Creo.

Mía: Pues ahora está más lejos.

NARRATOR: Mía se sentó sobre los talones y suspiró. Su hermano Oli se agachó a su lado y encendió una linterna. Un círculo de luz iluminó las tablas del suelo.

Oli: ¿Quieres que la saque yo?

Mía: Mejor alúmbrame. Como hice yo cuando arreglaste tu avioncito.

Oli: Trato hecho, capitana.

NARRATOR: Mía siguió la luz con la mirada. La manta no estaba tan lejos. Una esquina había quedado atrapada bajo una caja pequeña con unos pocos juguetes. El fleco seguía suelto, un poquito más allá.

Mía: Si aparto la caja, saldrá la manta. Pip, ¿patitas preparadas?

Pip: Siempre. Menos cuando duermo.

NARRATOR: Oli sostuvo la linterna sin moverla. Mía empujó la caja un poquito con la regla, y la esquina de la manta quedó libre. Pip enganchó el fleco con una pata y retrocedió, arrastrando un pliegue azul hasta la mano de Mía.

Pip: Rescate terminado. Ahora al experto le toca una caricia.

NARRATOR: Mía sacó la manta, se la echó sobre los hombros y acarició a Pip tres veces debajo de la barbilla.

Mía: Una, dos y tres. ¡Por ser un experto!

NARRATOR: Oli apagó la linterna.

Oli: ¿Apagamos la luz?

NARRATOR: Mía miró una vez más debajo de la cama. Allí no había ningún hueco sin fondo: solo las tablas del suelo, la caja y una pelusa enorme. Sonrió y se metió entre las sábanas.

Mía: Sí. Ya estoy lista.

NARRATOR: Oli apagó la lámpara. Durante un instante, los muebles parecieron distintos. Luego la luz de la luna dibujó el respaldo de la silla, el lomo de los cuentos y los pliegues de la manta. Pip se hizo un ovillo a los pies de Mía.

Oli: ¿Todo en su sitio?

Mía: Sí. Es mi cuarto de siempre. Solo que más calladito.

Pip: Mucho mejor. Así se oye mi ronroneo.

NARRATOR: Bajo la manta empezó a sonar un pequeño motor: el ronroneo de Pip. Mía sonrió y cerró los ojos.

Mía: Buenas noches, Oli.

Oli: Buenas noches, capitana Mía.

NARRATOR: Con la luna en la ventana, la manta azul bien cerquita y aquel ronroneo a los pies, Mía se quedó dormida.

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